J. A. Taud
16 de septiembre de 2015
"Y no por darle fin a esto, el dolor acabaría junto con aquello. Aprendí una vez más que el punto final no existe, que solo hay que verlo de costado para notar que en realidad son puntos suspensivos, escondidos uno detrás de otro. Y justamente en esa prorroga del silencio surcando aires metafísicos, es ahí donde esta perplejidad al acto final, a esa incertidumbre donde el cuerpo junto con revoltijos de sentimientos, espera pacíficamente si dolerá mucho o demasiado, es ahí que el letargo del punto final hace conmigo el juego del ahorcado con cada palabra contenida en mí, es ahí donde parece que fuera ayer que esto recién acabo."
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